18/06/2026
Hay días en que algo simplemente se acomoda por dentro.
Vas caminando por el sendero, el bosque está fresco, la lluvia cae despacio y la gente te saluda al pasar. No ocurre nada extraordinario, pero aun así te sientes contento de estar ahí.
Quizá sea la tranquilidad. Quizá sea la libertad. Quizá sea esa sensación de pertenecer, aunque sea por un momento, al paisaje que te rodea.
Y mientras disfrutas el camino, también recuerdas que todavía falta regresar. Que el lodo, la pendiente y la distancia siguen ahí, esperando.
Pero por alguna razón pesan menos.
Porque hay días que parecen cualquiera y terminan siendo especiales sin hacer ruido, sin anunciarse, sin pedir permiso.
Simplemente llegan.