Romería Las Varas

Romería Las Varas Exposición de emprendedores reunidos en torno al Año Jubilar Mariano de la Parroquia de Las Varas

CELEBRACIÓN DEL DÍA DE LAS MADRES EN LA PARROQUIA DE LAS VARAS.HOMILIA:Queridos hermanos:Hoy, en este día tan especial, ...
10/05/2026

CELEBRACIÓN DEL DÍA DE LAS MADRES EN LA PARROQUIA DE LAS VARAS.

HOMILIA:

Queridos hermanos:

Hoy, en este día tan especial, nuestro corazón se llena de gratitud. Damos gracias a Dios por el regalo maravilloso de las madres, porque una mamá es el reflejo más cercano del amor tierno, paciente y misericordioso de Dios. La Iglesia nos enseña que la maternidad es una vocación sagrada, una participación en la obra creadora de Dios, porque toda madre coopera con Él para traer vida al mundo.

Pero hoy no queremos pensar solamente en una sola forma de maternidad. Hoy queremos abrazar y agradecer todas las maneras de dar vida. Damos gracias por las mamás que día a día luchan por sus hijos; por las madres solteras que, con valentía y cansancio escondido, han sacado adelante a su familia; por las mamás que Dios bendijo con un hijo especial y que han aprendido a amar con una paciencia heroica; por las abuelitas que han sido doblemente madres; y también por tantas religiosas que, aunque no tuvieron hijos biológicos, han dado vida espiritual con su oración, su servicio y su entrega silenciosa. San Juan Crisóstomo decía que “la educación de los hijos es el arte más grande y más noble”, y cuántas madres han sido verdaderas artistas del amor, formando hombres y mujeres de bien.

Hoy también elevamos una oración muy especial por nuestras madres difuntas. Quizá muchas ya no están físicamente con nosotros, pero siguen viviendo en nuestras palabras, en nuestras costumbres, en nuestra fe y en tantas cosas buenas que sembraron en el corazón de sus hijos. Qué hermoso pensar que el amor de una madre nunca muere. San Agustín, al hablar de su madre Santa Mónica, reconocía que después de Dios, le debía a ella el regalo de la fe y de la vida cristiana. Así también nosotros podríamos decir: “gracias, mamá, porque con tus sacrificios, tus lágrimas y tus oraciones nos enseñaste a vivir”.

Y hoy también es un día para reflexionar como familias. Vivimos en un mundo que a veces deja solas a las madres, que no valora sus desvelos ni reconoce sus sacrificios. Por eso, el mejor regalo no son solamente flores o palabras bonitas; el mejor regalo es amarlas, escucharlas, acompañarlas y agradecerles mientras todavía las tenemos con nosotros. Y quienes ya no tienen a su mamá viva, no la olviden jamás: una madre se honra viviendo los valores que ella sembró en el corazón de sus hijos.

Que la Virgen María, madre de Jesús y madre nuestra, abrace hoy a todas las mamás. Y que Dios recompense eternamente toda la buena obra que hicieron al darnos la vida, educarnos y enseñarnos a amar. Amén.

10/05/2026

VI DOMINGO DE PASCUA
CICLO (A)

SAN JUAN 14, 15-21; “Si me aman, cumplirán mis mandamientos y mi Padre les enviará el Espíritu de la Verdad”.

EVANGELIO DEL DIAMARTES V SEMANA DE PASCUALCICLO “A”(Blanco)SAN JUAN 14, 27-31: (Lee este texto del Evangelio en la Bibl...
05/05/2026

EVANGELIO DEL DIA
MARTES V SEMANA DE PASCUAL
CICLO “A”
(Blanco)

SAN JUAN 14, 27-31: (Lee este texto del Evangelio en la Biblia que tiene en casa y comparte con familiares y amigos la siguiente homilia).

HOMILIA:
——-

Hermanos, el Evangelio de hoy (Jn 14, 27-31) nos regala unas palabras profundamente consoladoras de Jesús: “La paz les dejo, mi paz les doy; no como la da el mundo”. No es cualquier paz. No es la paz de “que no pase nada” o de tener todo bajo control. Es la paz que brota del corazón de Cristo, una paz que permanece incluso en medio de las dificultades.

Si miramos el contexto, Jesús está en la Última Cena. Sabe que viene la cruz, el sufrimiento, la traición… y aun así habla de paz. Aquí hay algo muy profundo: la paz cristiana no depende de que todo vaya bien, sino de estar unidos a Él.

Los Padres de la Iglesia entendieron muy bien esto. San Agustín de Hipona decía que el corazón humano está inquieto hasta que descansa en Dios (Confesiones, I,1). Es decir, buscamos paz en mil cosas —dinero, reconocimiento, seguridades— pero sólo Dios puede llenar el corazón. Por eso la paz de Cristo es distinta: no es externa, es interior.

Por su parte, San Juan Crisóstomo, comentando este pasaje (Homilías sobre el Evangelio de Juan, Hom. 75), explica que Jesús no promete quitar los problemas, sino dar una fortaleza interior que vence el miedo. Por eso dice: “No se turbe su corazón ni se acobarde”. La paz de Cristo nos hace firmes, incluso cuando todo tiembla.

Y San Gregorio Magno (Homilías sobre los Evangelios, II, 30) añade que esta paz es fruto del amor obediente de Cristo al Padre: Él va a la cruz no como derrota, sino como acto de amor. Ahí está la clave: la paz nace de amar y confiar en Dios, incluso cuando no entendemos todo.

Hermanos, ¿qué nos dice esto hoy? Vivimos en un mundo lleno de inquietudes: problemas familiares, incertidumbre económica, enfermedades, preocupaciones por el futuro. Y muchas veces buscamos la paz en soluciones rápidas, distracciones o seguridades pasajeras… pero seguimos inquietos.

La Palabra de hoy nos invita a algo muy concreto: volver el corazón a Cristo.
— Cuando haya angustia, orar.
— Cuando haya miedo, confiar.
— Cuando haya confusión, recordar que Dios sigue guiando la historia.

La paz de Cristo no elimina la cruz, pero nos da la fuerza para cargarla con esperanza.

Hoy puedes preguntarte:
¿Dónde estoy buscando mi paz? ¿En lo que cambia… o en Cristo que permanece?

Pidámosle al Señor en esta Eucaristía:
“Señor, dame tu paz. No la del mundo, sino la tuya. Esa que sostiene, que consuela y que nunca se acaba”.

Amén.

04/05/2026

FIESTA DE LA SANTA CRUZ DE ZACATE, TEPIC.

03/05/2026

V DOMINGO DE PASCUA
CICLO “A”

SAN JUAN 14, 1-12: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”.

EVANGELIO DEL DIAVIERNES IV SEMANA DE PASCUALCICLO “A”FIESTA DE SAN JOSE OBRERO(Blanco)SAN MATEO 13, 54-58: (Lee este te...
01/05/2026

EVANGELIO DEL DIA
VIERNES IV SEMANA DE PASCUAL
CICLO “A”
FIESTA DE SAN JOSE OBRERO
(Blanco)

SAN MATEO 13, 54-58: (Lee este texto del Evangelio en la Biblia que tiene en casa y comparte con familiares y amigos la siguiente homilia).

HOMILIA:
——-
Hermanos, hoy celebramos a San José Obrero, el hombre del silencio, del trabajo sencillo y del corazón grande. Y el Evangelio que escuchamos (Mt 13, 54-58) nos presenta a Jesús en su pueblo, donde la gente, en vez de abrir el corazón, se queda mirando lo de fuera: “¿No es éste el hijo del carpintero?” Y por eso —dice el Evangelio— Jesús no pudo hacer muchos milagros allí, por la falta de fe.

Si nos fijamos bien, este texto tiene algo muy profundo. La gente de Nazaret conoce a Jesús, pero solo en apariencia. Lo reducen a lo que ven: su familia, su oficio, su origen humilde. No logran dar el paso de la fe. Es como si dijeran: “Ya sabemos quién es, no puede haber nada más”. Y ahí está el problema: cuando creemos que ya conocemos todo de Dios, dejamos de sorprendernos y de creer.

Los Padres de la Iglesia, como san Juan Crisóstomo, decían que el mayor obstáculo para recibir a Dios no es la ignorancia, sino la familiaridad mal entendida: creer que porque “ya lo conocemos”, ya no hay nada nuevo que Dios pueda hacer en nuestra vida. Y san Agustín nos recordaría que Dios muchas veces se manifiesta en lo pequeño, en lo cotidiano, en lo sencillo… pero hace falta un corazón humilde para reconocerlo.

Y aquí entra San José. Él también vivió en lo cotidiano, en lo escondido, en el trabajo de cada día. Era carpintero, como lo señala el mismo Evangelio. Pero tuvo algo que a los paisanos de Jesús les faltó: fe. José no se quedó en las apariencias; supo ver la acción de Dios en medio de lo ordinario. Supo descubrir que en ese niño que crecía en su casa estaba el misterio de Dios.

San José nos enseña que el trabajo no es solo una obligación, sino un lugar de encuentro con Dios. En el taller, en el esfuerzo diario, en el cansancio, ahí también se santifica uno. Él no hizo milagros espectaculares, pero hizo algo más grande: fue fiel todos los días.

¿Qué nos dice esto a nosotros hoy?

Primero, que no despreciemos lo sencillo. Dios sigue pasando por nuestra vida en lo cotidiano: en la familia, en el trabajo, en las responsabilidades de cada día. Pero si tenemos el corazón cerrado, como los de Nazaret, no lo vamos a reconocer.

Segundo, que cuidemos nuestra fe. Porque podemos ser muy “cercanos” a las cosas de Dios —venir a misa, escuchar el Evangelio— pero aun así tener el corazón frío. La fe no es solo saber quién es Jesús, sino confiar en Él y dejar que actúe en nuestra vida.

Y tercero, que aprendamos de San José a trabajar con amor. No importa si es un trabajo humilde o sencillo; lo importante es hacerlo con responsabilidad, con honestidad y ofreciendo todo a Dios. Ahí está la santidad.

Pidámosle hoy a San José Obrero que nos enseñe a descubrir a Dios en lo sencillo, a no cerrarnos por la costumbre y a vivir nuestro trabajo como camino de santificación.

Que no nos pase como a los de Nazaret… que teniendo a Dios tan cerca, no supieron reconocerlo. Amén.

EVANGELIO DEL DÍA MARTES DE LA IV SEMANA PASCUACICLO “A”(Blanco)SAN JUAN 10, 22-30: (Lee este texto del Evangelio en la ...
29/04/2026

EVANGELIO DEL DÍA
MARTES DE LA IV SEMANA PASCUA
CICLO “A”
(Blanco)

SAN JUAN 10, 22-30: (Lee este texto del Evangelio en la Biblia que tienes en casa y comparte con familiares y amigos la siguiente homilia).

HOMILIA:



Hermanos, el Evangelio de hoy nos sitúa en Jerusalén, durante la fiesta de la Dedicación. Jesús camina por el templo y los judíos le preguntan directamente: “Si tú eres el Mesías, dínoslo abiertamente”. Pero Jesús responde algo muy profundo: “Ya se los he dicho, pero no creen… mis ovejas escuchan mi voz”.

1. Breve exégesis

Jesús no niega quién es; al contrario, afirma su identidad, pero deja claro que la fe no nace solo de oír palabras, sino de reconocer su voz en las obras. Hay una clave muy importante: la relación entre el pastor y las ovejas. No es una relación de obligación, sino de cercanía, de conocimiento mutuo: “yo las conozco y ellas me siguen”.

Y luego viene una de las afirmaciones más fuertes del Evangelio:
“Yo y el Padre somos uno”.
Aquí Jesús revela su divinidad: no es solo un enviado, es uno con Dios.

2. Padres de la Iglesia

Los Padres de la Iglesia reflexionaron mucho sobre este texto:

* San Agustín decía: “Escuchar la voz de Cristo es creer en Él”. No basta oír con los oídos, hay que abrir el corazón.
* San Juan Crisóstomo resaltaba que las ovejas siguen al pastor no por miedo, sino porque reconocen su voz llena de amor.
* San Gregorio Magno enseñaba que el verdadero signo de ser oveja de Cristo es seguirlo en la vida concreta, no solo de palabra.

3. Aplicación para hoy

Este Evangelio nos aterriza mucho en nuestra vida diaria:

Hoy también hay muchas voces: redes sociales, problemas, preocupaciones, opiniones… y entre tantas voces, podemos perdernos.

La pregunta es:
¿Reconozco la voz de Jesús en mi vida?

¿Cómo se reconoce esa voz?

* Cuando escucho la Palabra de Dios y me toca el corazón
* Cuando siento una invitación a hacer el bien, a perdonar, a servir
* Cuando en medio de la dificultad experimento paz

Jesús dice algo que llena de esperanza:
“Nadie las arrebatará de mi mano”.
Esto significa que, aunque pasemos por problemas, enfermedades o crisis, no estamos solos. Estamos en las manos de Cristo.

4. Mensaje final

Hermanos, ser oveja de Jesús no es ser débil, es ser alguien que confía, que escucha y que camina con Él.

Pidámosle hoy al Señor:

* Un corazón atento para reconocer su voz
* Valentía para seguirlo
* Y confianza para saber que estamos seguros en sus manos

Porque al final, lo más importante no es saber mucho de Dios, sino caminar con Él todos los días.

Amén.

EVANGELIO DEL DÍA LUNES DE LA IV SEMANA PASCUACICLO “A”(Blanco)SAN JUAN 10, 11-18: (Lee este texto del Evangelio en la B...
28/04/2026

EVANGELIO DEL DÍA
LUNES DE LA IV SEMANA PASCUA
CICLO “A”
(Blanco)

SAN JUAN 10, 11-18: (Lee este texto del Evangelio en la Biblia que tienes en casa y comparte con familiares y amigos la siguiente homilia).

HOMILIA:

Hermanos y hermanas,

el Evangelio de hoy (Jn 10, 11-18) nos regala una imagen muy hermosa y muy exigente: Jesús dice con claridad: “Yo soy el Buen Pastor; el Buen Pastor da la vida por sus ovejas.” No dice que las cuida cuando es fácil, ni cuando hay tiempo, ni cuando conviene… dice que da la vida.

Aquí, en esta casa del Buen Pastor, estas palabras se vuelven muy concretas. Porque ustedes —religiosas, enfermeros, cocineras, personal de mantenimiento— están cuidando a quienes un día fueron pastores del pueblo de Dios. Hoy, esos sacerdotes ancianos y enfermos son las ovejas más frágiles del rebaño.

Y ahí es donde el Evangelio se vuelve vida.

Los Padres de la Iglesia lo entendieron muy bien. San Agustín de Hipona decía: “El Buen Pastor no abandona a sus ovejas cuando están débiles, sino que se queda con ellas.” Y San Gregorio Magno añadía: “Amar es cargar con el otro.”

Eso es lo que ustedes hacen todos los días.

Cuando un enfermero tiene paciencia con un sacerdote que ya no puede valerse por sí mismo…
cuando una religiosa acompaña con ternura y oración…
cuando en la cocina se prepara la comida con cariño…
cuando alguien limpia, arregla, mantiene el lugar digno…

ahí se está dando la vida, como el Buen Pastor.

Pero cuidado: el mismo Evangelio habla también del asalariado, el que trabaja solo por cumplir, el que huye cuando la cosa se pone difícil. Y eso también puede pasarnos a nosotros: hacer las cosas por rutina, con prisa, con cansancio acumulado, perdiendo el sentido.

Por eso hoy el Señor nos invita a revisar el corazón:

* No solo hacer el bien… sino hacerlo con amor.
* No solo cuidar… sino cuidar con dignidad y ternura.
* No solo servir… sino reconocer a Cristo en cada sacerdote enfermo.

Porque aquí hay un secreto muy grande:
en cada uno de estos padres está Jesús mismo, cansado, enfermo, necesitado de cuidado.

Y entonces todo cambia.

Ya no es solo un trabajo… es una vocación.
Ya no es solo una tarea… es un acto de amor a Cristo.
Ya no es solo atender enfermos… es acompañar a pastores que dieron su vida por la Iglesia.

Y a ustedes, queridos sacerdotes, que hoy viven la fragilidad, el Señor les dice: “Yo soy el Buen Pastor.” No los abandona. Así como ustedes cuidaron al pueblo, hoy Él los cuida a través de estas manos generosas.

Hermanos, pidámosle hoy al Señor un corazón de Buen Pastor:

* capaz de paciencia cuando hay cansancio,
* de ternura cuando hay dolor,
* de generosidad cuando cuesta,
* y de fe para ver a Cristo en cada rostro.

Que esta casa sea un lugar donde se respire no solo atención médica, sino amor evangélico.

Porque al final, lo que más sana, lo que más consuela, lo que más dignifica… es saberse amado.

Amén.

26/04/2026

IV DOMINGO DE PASCUA
CICLO “A”

SAN JUA 10, 1-10: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”.

EVANGELIO DEL DÍA SÁBADO DE LA III SEMANA PASCUACICLO “A”(Blanco)SAN MARCOS 16, 15-20: (Lee este texto del Evangelio en ...
26/04/2026

EVANGELIO DEL DÍA
SÁBADO DE LA III SEMANA PASCUA
CICLO “A”
(Blanco)

SAN MARCOS 16, 15-20: (Lee este texto del Evangelio en la Biblia que tienes en casa y comparte con familiares y amigos la siguiente homilia).

HOMILIA:

Hermanos, el Evangelio de hoy nos deja un envío claro de Jesús: “Vayan por todo el mundo y anuncien el Evangelio”. No es una sugerencia, es una misión. Y lo más hermoso es que no es solo para los apóstoles, es también para nosotros, aquí en Mesillas, en esta fiesta tan querida en honor a Nuestra Señora del Rosario de Talpa.

Los Padres de la Iglesia entendieron muy bien esto. San Agustín de Hipona decía que la Iglesia nace para evangelizar, que no puede guardarse la fe como un tesoro escondido. Y San Gregorio Magno recordaba que el que ha encontrado a Cristo no puede quedarse callado, porque el amor siempre busca compartirse.

Pero Jesús no solo envía, también promete: “Yo estaré con ustedes”. Y esto es clave. No vamos solos. En medio de nuestras luchas, problemas familiares, cansancios, Jesús camina con nosotros. Y también nos acompaña su Madre, la Virgen del Rosario de Talpa, que ha sido consuelo y esperanza para tantos peregrinos.

Hoy, en esta fiesta, podemos preguntarnos algo muy sencillo y muy concreto:
¿cómo estoy anunciando yo el Evangelio?

Porque anunciar no es solo hablar bonito de Dios. Es vivir de tal manera que otros puedan ver a Cristo en nosotros. Es en los detalles:
— en la palabra amable en la casa,
— en la paciencia con el esposo o la esposa,
— en el perdón sincero,
— en el trabajo honesto,
— en no perder la fe aunque la vida se ponga dura.

Ahí se anuncian los milagros de Dios, más que con palabras.

Y el Evangelio termina diciendo que los discípulos fueron y predicaron, y el Señor confirmaba su palabra con signos. Eso sigue pasando hoy. Cuando una familia se reconcilia, cuando alguien vuelve a Dios, cuando hay esperanza donde antes había dolor… ahí Dios sigue actuando.

Pidámosle hoy a la Virgen Santísima que nos enseñe a ser discípulos misioneros, sencillos pero valientes. Que, como ella, llevemos a Jesús en el corazón y lo compartamos con los demás.

Que esta fiesta no se quede solo en tradición, sino que se convierta en un nuevo comienzo para vivir y anunciar nuestra fe.

Amén.

EVANGELIO DEL DÍA VIERNES DE LA III SEMANA PASCUACICLO “A”(Blanco)SAN JUAN 6, 52-59: (Lee este texto del Evangelio en la...
25/04/2026

EVANGELIO DEL DÍA
VIERNES DE LA III SEMANA PASCUA
CICLO “A”
(Blanco)

SAN JUAN 6, 52-59: (Lee este texto del Evangelio en la Biblia que tienes en casa y comparte con familiares y amigos la siguiente homilia).

HOMILIA:

————-

Hermanos y hermanas,

el Evangelio de hoy nos pone frente a una afirmación fuerte, clara, que no admite medias tintas. Jesucristo dice: “mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida”. Y remata: “el que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él”.

Aquí no hay símbolo vacío, aquí hay vida real. Jesús no dice “como si fuera”, sino “es”. Es decir, en la Eucaristía, Él mismo se nos da como alimento verdadero.

Los primeros cristianos lo entendieron así. San Ignacio de Antioquía llamaba a la Eucaristía “medicina de inmortalidad”. San Justino Mártir decía: “no lo recibimos como pan común, sino como la carne y la sangre de Cristo”. Y San Agustín de Hipona lo resumía bellamente: “come el pan del cielo quien cree, pero lo come plenamente quien se une a Él”.

¿Y qué pasa con quien no se alimenta de este Pan vivo?

Jesús mismo lo dice claramente: “si no comen la carne del Hijo del hombre, no tienen vida en ustedes”. Es fuerte, pero es verdad. Sin la Eucaristía, el corazón se enfría, la fe se debilita, la esperanza se apaga poco a poco. La persona empieza a vivir sólo de lo material, de lo pasajero. Se llena de muchas cosas… pero se queda vacío por dentro.

En cambio, quien comulga con fe, quien se acerca a Jesús sacramentado, empieza a parecerse a Él: aprende a amar, a perdonar, a servir, a cargar la cruz. Porque no es sólo recibir a Cristo… es dejar que Cristo viva en uno.

Por eso, hermanos, la Eucaristía no es un rito más, no es una costumbre. Es comunión viva. Es permanecer en Él y dejar que Él permanezca en nosotros.

Y aquí viene el compromiso concreto:

Si decimos que comemos el Cuerpo de Cristo, tenemos que vivir como Cuerpo de Cristo. No podemos comulgar en el altar y romper la comunión en la casa, en el trabajo, en la comunidad. No podemos recibir a Jesús y seguir guardando rencores, divisiones o indiferencia hacia los demás.

Comulgar es comprometernos a vivir en unidad, a construir fraternidad, a ser pan partido para los demás.

Hoy Jesús nos pregunta, sin rodeos:
¿de verdad quieres vivir? Entonces aliméntate de mí.
¿de verdad quieres permanecer en mí? Entonces ven a la Eucaristía.

Que no nos acostumbremos, que no nos alejemos, que no dejemos de buscar este Pan vivo bajado del cielo.

Porque quien se alimenta de Cristo, vive.
Y quien vive de Cristo… aprende a amar como Cristo.

Amén.

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