08/04/2026
—"Al mismo hoyo vamos todos, hermano. ¿Para qué guardas tanto si mañana te pisa un camión y no te llevas nada?"
Esa era la frase favorita de Fabián.
La repetía cada viernes por la noche, rodeado de botellas vacías, humo de carne asada y música a todo volumen.
Fabián era el rey del "solo se vive una vez".
Si ganaba tres mil, gastaba cuatro.
Su lógica era simple: la ropa cara se luce hoy, la fiesta se disfruta hoy, y el ahorro es para los que no saben vivir.
Cuando me veía reparando el techo de mi casa o trabajando horas extra en domingo, se burlaba:
—“Mírate, pareces hormiga vieja. Te vas a morir trabajando y yo me voy a morir bailando”.
Yo solo sonreía y seguía mezclando cemento.
El problema de vivir como si te fueras a morir mañana... es que casi siempre te despiertas al día siguiente.
Y los años pasaron.
No nos pisó ningún camión. No nos morimos jóvenes.
Llegamos a los 55.
El viernes pasado, Fabián me tocó la puerta.
Ya no traía música. Ya no traía ese aire de grandeza.
Traía los hombros caídos, una rodilla que ya no le permite trabajar pesado y una receta médica que no podía pagar.
Se sentó en mi sala, miró mi casa pagada, mi tranquilidad, y me soltó el discurso que usan todos los que se comen sus semillas antes de tiempo:
—“Échame la mano, hermano. A ti te ha ido bien. Hay que ser compartidos, no seas egoísta”.
Me quedé mirándolo.
No sentí coraje, sentí una tristeza profunda.
La gente que se gasta todo su dinero justificándose con el "nada me voy a llevar", olvida la parte más dura de la historia:
¿Y si no te mueres? ¿Qué pasa si te quedas?
Si te quedas, te quedas sin fuerza. Te quedas sin techo. Te quedas rogando por la caridad de aquellos a los que alguna vez llamaste "aburridos".
🧠 VERDAD BRUTAL: Venimos sin nada y nos vamos sin nada, es cierto.
Pero el trayecto de en medio se llama VIDA. Y vivir sin un peso, enfermo y viejo, es un in****no que tú mismo te construyes.
No le llames "disfrutar el presente" a lo que en realidad es "sabotear tu futuro".
Gasta, disfruta, viaja... pero no te comas el techo de tu vejez en los fines de semana de tu juventud.
Porque el invierno de la vida siempre llega, y a esa edad, la fiesta ya no te da de comer.