MARIBEL ROMERO - nuestra chef
Desde muy joven, con sólo catorce años, trabajé junto al menor de mis hermanos en el “Bodegón Narzana” que era nuestro restaurante familiar en la Sevilla de 1975 y por aquel entonces surge en mí el interés por la gastronomía de mi tierra andaluza aunado a una gran aptitud, o al menos eso decía mi abuela que era durísima para estas cosas. En aquella época no existía e
n Sevilla escuela alguna donde aprender el oficio por lo que aprendíamos primero de las enseñanzas de las madres y las abuelas y después, por supuesto, de lo que otros cocineros nos quisieran compartir (o le pillábamos sin que lo notaran jjejejje). Después de unos años me retiré del negocio familiar para emprender el mío, pequeñito, llevando banquetes a empresarios locales y turistas que gozaban de aquellos tradicionales platillos que además entraban muy bien por la vista, hasta que emprendí mi viaje a México en 1994. Al llegar a este país de oportunidades surgió la de impartir clases de cocina andaluza a pequeños grupos y con esto comencé a trazar mi nuevo camino, una vereda cada vez más ancha. Tuve el gran placer de mostrar la gastronomía de mi tierra en festivales que organizaron algunos restaurantes a los que acudía como chef invitada, como fueron en Puebla “El Cortijo” y “El Rincón Español” o en Ciudad de México “La Insurgenta”, “El mesón del Cid” y algunos otros. Los cursillos impartidos y las muestras gastronómicas ayudaron a que mi nombre comenzara a sonar en la comunidad gastronómica y me abrieron las puertas de importantes cocinas de carta española como lo fueron el restaurante “Las Tapas” del hotel Camino Real donde además fui gerente, el “Café del Bosque” a pie del bello Lago Menor de Chapultepec, “La Almadraba” donde además contaba con la tecnología para laborar con cocina molecular, el famosísimo tablao “Gitanerías” al cual le revivimos su pequeña cocina de raciones en su última etapa, la cadena Centro Castellano, la cadena CMR… y un sinfín de cocinas de altura que tuve la suerte de comandar con equipos de trabajo extraordinarios. A pesar de ello siempre tuve presente mis orígenes, mi corazón viajaba a aquella pequeña y vieja cocina familiar, tradicional, sevillanísima, en la que unos días nos trincábamos de los pelos y otros nos comíamos a besos, siempre a voces, siempre auténticos… siempre en mi corazón como un suspiro de añoranza. Dirigir grandes cocinas ha sido una gran experiencia pero siempre estuve cercada por sus protocolos, sus normativas, lineamientos de producción, límites y más límites que debes respetar y que finalmente le roban el alma al platillo. Esto me llevó a retomar el sueño de cocinar auténtico, sin adornos ni experimentos, a la antigua usanza de la cocina que el sol mediterráneo de mi Andalucía ha alumbrado por siglos… así es como vuelvo a mis orígenes, con el sazón inconfundible que me legaron mi madre Antonia y mi abuela Magdalena quienes seguro están sonriendo orgullosas en el cielo al verme regresar a los fogones caseros con mi Jardín Alhambra, que en verdad nació para todos vosotros.