17/05/2026
El dia que Yamil apareció en mi vida...
Conocí el cacao y algo en mí se quedó quieto.
No era solo un fruto, era una historia que me hablaba en silencio.
Sentí la selva en mis manos, el sudor y la paciencia de quienes lo siembran sin apuro, bajo la sombra de árboles que llevan años viendo pasar la vida.
Entendí que el cacao no se produce, se cuida. No se consume, se agradece.
Lleva en cada grano el amor ancestral de abuelos que enseñaron que la tierra no se domina, se acompaña.
Por eso los antiguos lo llamaban _Alimento de los dioses_…
porque no solo alimenta el cuerpo, despierta el alma.
Y cuando probás el cacao sabiendo de dónde viene, ya no volves atrás.
Porque ya no comés chocolate. Comés memoria. Comés amor que viene de muy lejos.